moanaAcabo de salir de los Estudios Pixar en California, donde he tenido el honor de ser invitado al preestreno de Moana, la última película de Disney.

Siento algo parecido a cuando por primera vez vi El viaje de Chihiro, otra gran película de animación sobre la que en su día escribí el post más visitado con diferencia de este blog.

Chihiro debe romper el maleficio que ha convertido a sus padres en cerdos, y Moana debe romper el maleficio que amenaza la vida en la isla de sus padres.

En la película de Miyazaki, para derrotar a la maquiavélica Yubaba, Chihiro contará con la ayuda de Haku, un joven capaz de transformarse en dragón; en la película de Disney, para derrotar al monstruo de lava, Moana contará con la ayuda de Maui, un semidios capaz de transformarse en todo tipo de animales.

La niña protagonista de ambas películas representa el anhelo inherente a todos nosotros por reconectar con nuestra verdadera naturaleza, para lo cual debemos emprender “el viaje del héroe”, el más importante ahora y siempre: el viaje a nuestro interior.

La abuela de Moana (sabiduría ancestral) es quien la anima a zarpar más allá del arrecife, hacia lo desconocido, en contra de la opinión de su padre (miedo). Para este viaje a través del océano de la mente, contaremos con la ayuda de nuestra propia capacidad de transformación (Maui), nuestra innata “divinidad” o fuerza espiritual.

Dos son los principales obstáculos de este viaje: nuestros pensamientos-emociones y nuestro ego. En Moana los pensamientos-emociones aparecen como una banda de cocos llamados Kakamora que a primera vista parecen inofensivos, incluso monos, pero que en realidad son violentos y peligrosos. Todavía más evidente es la representación del ego como el gigantesco cangrejo Tamatoa que vive en las profundidades del mar, henchido de vanidad (es un coleccionista de objetos brillantes) y arrogancia (la entrada a su mundo es una isla “estirada hacia arriba”).

La hermana gemela de Yubaba, quien representa su opuesto, la sabiduría, aparece cuando Chihiro le devuelve el talismán que le había robado Haku; y el monstruo de lava se transforma en una diosa dadora de vida cuando Moana le devuelve el talismán que le había robado Maui.

No creo arruinarles la película si adelanto que tiene un final feliz. Moana supera los peligros con la ayuda de Maui, supera también en solitario  las dudas sobre su capacidad (la noche oscura del alma) y revela la gloriosa diosa dadora de vida que el monstruo de lava lleva dentro. Cuando transcendemos pensamientos y emociones y reducimos el ego a un ente inofensivo, reconectamos con nuestra verdadera  naturaleza. Entonces, de la fuente que todos llevamos dentro vuelve a brotar vida en vez de muerte, amor en vez de odio.

mela_coverEn Marineros de piedra expliqué que los constructores de megalitos del occidente europeo fueron los legendarios atlantes.

En Viaje cero describí cómo llevaron la civilización a todos los rincones del mundo.

En este libro, Madrid es la Atlántida, vuelvo al origen de la investigación, al centro de Iberia, para explicar cómo, sobre el mismo suelo en el que hoy en día se levanta la capital del Reino de España, hace más de cinco mil años ya se levantaba la capital de los atlantes, la misteriosa y hasta ahora elusiva Atlántida.

61cd18c76nl-_sx331_bo1204203200_Acabo de publicar la traducción del libro cuya lectura más me ha influenciado. Como ya hiciese antes con el Sutra Surangama, he comenzado cada día de los últimos tres años traduciendo un par de párrafos de este maravilloso texto.

Conocido también por otros nombres, como Sutra del Sexto Patriarca, Sutra de Hui Neng, Sutra del Estrado, Sutra de la Plataforma o Sutra del Altar, este sutra recoge las enseñanzas de un iletrado llamado Huineng que vivió en China entre los siglos VII y VIII.

Sus palabras nos hablan de nuestra maravillosa naturaleza, la naturaleza esencial e innata que no necesita profundos estudios ni arduas prácticas para manifestarse en todo momento en todo su esplendor. Lo único que se requiere es un cambio de perspectiva, radical pero accesible a cualquiera, sobre la manera de ver el mundo y lo que somos.

Huineng interpela a esa naturaleza en la que no cabe un “ego egoísta”, en la que dejamos de entendernos como entidades recortadas del tejido del universo.

El Camino consiste en un modo de ver, percibir y sentir que es el más natural, el que menos esfuerzo requiere, pues se transita cuando uno no busca nada ni se apega a nada, un Camino carente de forma o definición específica.

Te sorprenderá (también el precio).

61018000Jesús nació el 25 de julio del año 7 a.C.

Dame cinco minutos y te lo explico.

Ayer me llamó mi madre a voces para que fuese a ver un programa de la tele en el que unos señores muy serios afirmaban haber dado con la verdadera fecha del nacimiento de Jesús. Contemplé aquello estupefacto. ¡No tenían ni idea!

En el desayuno de esta mañana le dije a mi madre que Jesús nació un 25, pero no de diciembre sino de julio, y tampoco del año 0 sino del año 7 antes de Cristo (entiéndase, antes del año cero del actual calendario). Luego le expuse mis razonamientos, muy sencillos cuando conocemos tres claves simbólicas, y hasta creo que la convencí, porque dejó de masticar.

Las tres claves son las siguientes:

1) Los tres reyes magos son tres luminarias, porque las luminarias siempre vienen de Oriente, es decir, se mueven por el cielo de este a oeste.

2) Los regalos que portan (oro, incienso y mirra) nos revelan qué luminarias son (de las siete posibles: el Sol, la Luna y los cinco planetas visibles). La asociación entre el oro y el Sol no necesita mayor explicación. La mirra era una sustancia utilizada para embalsamar a los muertos, por lo que ha de representar a lo complementario de la vida, del día y del Sol; es decir, la mirra simboliza la muerte, la noche y la Luna (el rey negro Baltasar). ¿Y el incienso? Mercurio, además de planeta, es un metal líquido -fluye como el incienso- capaz de amalgamar oro y plata (Sol y Luna). Así que ya hemos identificado a los tres reyes magos de Oriente: el Sol, la Luna y “amalgamando a ambos” Mercurio.

3) El nacimiento de Jesús tiene lugar en un pesebre, entre un buey y una mula. ¿Hay algo parecido en el cielo? ¡Y tanto! Existe un cúmulo estelar visible a simple vista en la constelación de Cáncer llamado el Pesebre, tal cual, situado además entre dos estrellas llamadas Asno del Norte y Asno del Sur. Así que ahora sabemos dónde situar a los tres reyes magos: en las inmediaciones de Cáncer.

Como vas a ver en la siguiente imagen del cielo de Belén, estas tres claves bastan para poder precisar la fecha del nacimiento de Jesús: el 25 de Julio del año 7 a.C.

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bookcoverimage_viaje-ceroHace cinco mil años comprendíamos el propósito de la vida mejor que hoy en día. Entonces estudiamos el cielo y la tierra, cruzamos mares y océanos y, para asimilar tanto conocimiento, desarrollamos unas matemáticas sencillas con las que estimar nuestra localización física sobre un planeta esférico, pero sobre todo nuestra posición espiritual como seres humanos en el ciclo de la vida y la muerte.

Los mitos, tan denostados como fuente de conocimientos objetivos, nos hablan de una época dorada en la que las ciudades se construían en las costas y sin muros. El desarrollo de la metalurgia —particularmente la del hierro—, lejos de traer progreso, trajo guerras, ignorancia y el abandono progresivo de los viajes transoceánicos. Pero esa es otra historia, de hecho esa es la Historia, y Viaje Cero trata de lo que sucedió antes, en la pre-Historia.

Comienzo Viaje Cero con un capítulo introductorio que resume los principales descubrimientos recogidos en Marineros de piedra (mi primer libro). A continuación aporto las pruebas de la presencia de marineros ibéricos por todo el orbe, y cómo fueron ellos quienes dieron origen a las que todavía se consideran como las primeras civilizaciones: en Mesopotamia, Egipto, América, India o las islas del Pacífico.

A un jurado de artistas cordobeses les ha gustado el cuento que les envié a concurso.

La pena fue que no pude ir a recoger el premio. En mi lugar fueron mis padres (salen en la foto de la noticia).

Un abrazo para la asociación cultural Abades ACA.

¡Feliz equinoccio de primavera!

La asociación Sol Cultural de Santander me ha concedido el primer premio por el microrrelato ¿Cuánto por una cabeza?

Algunos de los anteriormente premiados los acabo de reunir en la colección Laureles a gogó.

¡Feliz solsticio de invierno!

LG cubierta2012 fue el año en el que quise probarme como cuentista. Hasta entonces había escrito, aparte de una veintena de artículos científicos y hasta religiosos, un libro de historia en el que demostraba la existencia de la Atlántida. Pues bien, si difícil fue descubrir la Atlántida, casi lo fue más escribir cuentos.

Tras Marineros de piedra —así titulé el histórico libro— mis palabras buscaban ir más allá de la mera transmisión de información, buscaban provocar, arrancar una reflexión, una sonrisa, un bufido, lo que fuese… «girar la ruleta de las emociones». Pero en mi esfuerzo centrípeto por aproximarme a la literatura resultó que salí absurdamente centrifugado a pesar de haber recibido laureles a gogó. (Por cierto, una expresión tan fascinante que se ha colado en el título principal, quizá porque me recuerda a las gogós que bailan sensualmente subidas a cualquier cosa, o por su similitud con gagá, o porque parezca exclamar en inglés —aunque venga del francés— aquello que inmortalizó La Faraona en la boda de su hija: «¡Si me queréis, irse!»).

Así es, todos los relatos recogidos en este recopilatorio recibieron algún tipo de distinción: unos recibieron laureles y otros los rozaron con las yemas de sus títulos antes de que fueran a parar a las cabezas de otros.

Los 25 cuentos aquí presentes han sido todos seleccionados por diferentes jurados, lo que significa que personas lo suficientemente interesadas en la literatura como para organizar concursos se han tomado la molestia de leer un montón de cuentos antes de decidir que el tuyo es el mejor o está entre los mejores. ¿Que qué parámetros evalúan? Muy sencillo, sólo uno: me gusta o no. Intentar ir más allá de esta perogrullada es tarea imposible —ni siquiera críticos y entendidos tienen la última palabra al respecto— porque, como ya nos lo advierte el refrán, sobre gustos no hay nada escrito.

Photo by AFP/Getty Images

Photo by AFP/Getty Images

Al igual que ya ocurriese en Darjeeling, el monasterio de Rumtek se preparaba para una celebración especial de una semana de duración denominada Kalachakra, que significa rueda del tiempo, centrada en la correspondencia entre los ciclos cósmicos y los ciclos humanos, entre lo externo y lo interno.

Incapaces de dejar pasar la oportunidad de participar en tan especial evento, nos alojamos en uno de los hostales próximos al monasterio.

Un tablero orientado perfectamente con los cuatro puntos cardinales presidía el templo, sobre el cual había sido elaborado para la ocasión un gran mandala, utilizando como materias primas finas arenas coloreadas, dispuestas en complejas geometrías rebosantes de simbolismo. Los cánticos de los monjes se alternaban con música extraterrestre producida con trompetas, caracolas, tambores, platillos y pequeñas campanas.

De vez en cuando había interludios en los que todos recibíamos una taza de té de leche de yak, dulce por las mañanas y salado por las tardes. Yo estaba en la gloria.

A los niños monje las horas de ceremonia se les hacían pesadísimas, y no era infrecuente verlos tirándose arroz, jugando con sus hábitos, o simplemente muertos de aburrimiento.

Uno de ellos, ya no tan niño, se acercó un día y nos dijo en un inglés rudimentario: “Mañana las ceremonias empiezan una hora antes”. Cuando nos plantamos en las puertas del monasterio a las cuatro de la mañana, hasta los guardias estaban dormidos. Más tarde, al recriminarle al niño la broma, éste se moría de la risa. Pronto todos los monjes —niños y adultos— acabaron por saber la broma del la “rueda del tiempo” y se partían de risa al vernos.

Aparte de la cuestionable gracia del asunto, los tibetanos son la gente más risueña que nunca he conocido, lo que no debe ser confundido con el sentido del humor, y para muestra un botón.

rumtek-monastery (photo by Wanphai Nongrum)

rumtek-monastery (photo by Wanphai Nongrum)

Las señas de identidad de Sikkim están asociadas a la figura del místico Padmasambhava, más conocido como Guru Rimpoche (literalmente “Apreciado Maestro”). Este extraordinario personaje propagó por toda la región himalaíca la versión más esotérica del budismo, allá por el siglo VIII, curiosamente coetáneo del gran místico japonés Kobo Daishi.

Al igual que Kobo Daishi en Japón, Guru Rimpoche es reverenciado en Sikkim como un gran santo. La presencia de monasterios budistas en esta región —reforzada recientemente por el trágico éxodo de tibetanos— viene por lo tanto de muy antiguo. Uno de dichos monasterios es Rumtek, a pocos kilómetros de Gangtok (la capital de Sikkim), y residencia oficial del “otro” Karmapa. Lamentablemente, a este Karmapa no lo pudimos conocer por encontrarse de viaje.

Los guardias armados apostados en torretas, y el letrero con la prohibición de acceder al templo portando armas de fuego, nos resultaron sumamente inapropiados para un monasterio. Sin embargo, la confluencia de la tensión entre los gobiernos indio y chino sobre asuntos relativos a asilos políticos, aunada a la del cisma producido por la aparición de dos candidaturas a Karmapa, en cuya controversia subyacen feas implicaciones económicas y políticas, explican las medidas de seguridad.

Una vez superada la primera impresión, Rumtek resulta acogedor, y los numerosos niños monje correteando por sus amplios patios y terrazas consiguen que uno se olvide enseguida de los turbios asuntos de los adultos.

Uno de los niños poseía un rasgo facial considerado muy auspicioso, que hasta entonces yo interpretaba metafóricamente: un largo penacho blanco natural en el entrecejo. Lástima de cámara de fotos, pensé.

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Marineros de piedra


"Un libro extraordinario que revoluciona la historia".
-Gavin Menzies, autor de 1421 y The Lost Empire of Atlantis

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