La palabra meditación se utiliza para describir aquellas prácticas que conllevan la autorregulación del cuerpo y la mente mediante la manipulación intencionada de mecanismos específicos que potencian la atención.

Teniendo en cuenta que la regulación de la atención es el denominador común de los diferentes métodos de meditación, podemos clasificarlos en dos grandes grupos: “desapego” y “concentración”. La mayoría de las técnicas de meditación se ubican entre los polos de estos dos métodos generales.

Las prácticas de desapego, también conocidas como “contemplación profunda” (sct., vipasyana; pali, vipassana), permiten que los pensamientos, sentimientos y sensaciones surjan mientras la mente que procesa estos fenómenos adopta una función pasiva de mera observadora, atenta pero desapegada, sin proceder a juicios o análisis de ningún tipo. Los dos ejemplos tradicionales de este tipo de meditación son el Zen (en chino, Chan) y Vipassana.

Las prácticas de concentración, también conocidas como “quedarse en calma” (sct., samatha), tratan de que la mente se centre o focalice sobre un objeto o actividad específica, como puede ser la repetición de un sonido (por ejemplo, un mantra), la visualización de una imagen o contar respiraciones.

Las prácticas de desapego requieren el mantenimiento de la atención en un estado receptivo, mientras que las de concentración requieren la focalización de la atención. Sin embargo, en muchos casos, resulta difícil clasificar una determinada práctica como puramente de desapego o de concentración, puesto que las dos se superponen en su enfoque hacia la misma meta: el desarrollo de una nueva perspectiva, la de un observador que trasciende su contenido mental.

Así, en las de desapego es necesario también concentrarse para logar un estado mental que no entre a juzgar ni la información sensorial ni sus consecuencias mentales, de modo que pueda aparecer un meta-cognición que simplemente se limita a ser testigo de los contenidos de la mente. Y en las prácticas de concentración es necesario desapegarse de los pensamientos y sensaciones que surgen mediante una constante redirección de la atención hacia el objeto o tópico específico elegido. Por lo tanto, aunque los métodos utilizados para regular la atención difieren en sus prácticas, los resultados son similares, pues ambos suscitan una experiencia equivalente: la expansión de la idea de uno mismo, que pasa a no estar limitada al cuerpo y sus contenidos mentales.

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