Formular buenos deseos hacia uno mismo y hacia los demás: eso es la meditación Metta.

Los cuatro estados sublimes o ilimitados de la mente son: amor no posesivo (metta), compasión (karuna), alegría por el bien ajeno (mudita) y ecuanimidad (upekkha).

“Monjes, el discípulo habita infundiendo una primera dirección con su corazón lleno de amor, luego infunde la segunda, la tercera y la cuarta dirección, así como arriba, abajo y alrededor; vive irradiando el mundo por doquier y por igual con su corazón lleno de ecuanimidad, generoso, agrandado sin medida, libre de enemistad y libre de sufrimiento”.

–Buda, Metta Sutta

Este párrafo continúa con otros tres párrafos idénticos donde la palabra amor es sustituida correlativamente por compasión, alegría y ecuanimidad.

Estos estados de ánimo poseen una dimensión tanto individual como social que he tratado de incorporar en el diseño de la meditación CM.

Los siguientes comentarios de Nyanaponika Thera (traducción propia) explican este punto:

“El amor sin deseo de poseer, sabiendo que en última instancia no hay posesión ni poseedor, es el amor más elevado. La compasión elimina el pesado tranco, abre la puerta a la libertad, hace que el estrecho corazón se ensanche tanto como el mundo. La noble y sublime alegría es un ayudante en el camino que conduce hacia la extinción del sufrimiento. No el deprimido que se lamenta sino el poseído de alegría encuentra la calma serena que lleva al estado contemplativo de la mente. Porque solo una mente serena y recogida es capaz de obtener la sabiduría libertadora. La ecuanimidad, arraigada en profunda sabiduría, es el perfecto e inquebrantable equilibrio de la mente”.

“Estas cuatro actitudes se dice que son excelentes o sublimes porque son el ideal de conducta. Ofrecen respuesta a todas las situaciones que pueden surgir del contacto social. Son las grandes eliminadoras de tensiones, las grandes pacificadores en los conflictos, las grandes sanadoras de las heridas sufridas al fajarnos con la existencia. Ellas nivelan barreras sociales, construyen comunidades armoniosas, despiertan la magnanimidad, reavivan la alegría y la esperanza perdida y promueven la fraternidad humana contra las fuerzas del egoísmo”.

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