A woman pastes cow dung cakes on a wall as her grandson Sanju peeps from a hole in Molaya villageEl viaje en tren hacia el norte, de Patna hacia Siliguri, a través de las planicies gangéticas, no ofrecía gran variedad de paisajes. Poblados paupérrimos con las típicas construcciones de ladrillo o adobe, y fachadas con cierto parecido a la de la Casa de las Conchas de Salamanca… solamente que por allí, en lugar de conchas, utilizan tortas de boñiga de vaca, así dispuestas para su secado y posterior uso como leña.

Las vacas producen leche, combustible, fuerza motriz, calor en invierno, y más vacas. Esa puede ser la razón por la que se consideran sagradas.

Desgraciadamente, como consecuencia del extraño mecanismo por el que la inteligencia humana se bloquea ante todo aquello que toca la religión —la que sea— los entornos urbanos de la India se ven llenos de estos pobres animales “sagrados”, famélicos y presentando un riesgo evidente para la salud pública.

Miré por la ventanilla y vi a unos mozalbetes metidos en una laguna hasta la cintura, fregando con mimo a una oronda vaca. La imagen rezumaba vida. La vaca sagrada, pensé.

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