Una seria avería en la moto trastocó los planes en lo concerniente al modo de transporte.  La dejamos en un taller de Kalimpong, y abordamos uno de los jeeps que cubren el trayecto a Gangtok, la capital de Sikkim.

La estrechez de la carretera, los precipicios, y la velocidad del jeep son factores cada uno de ellos —cuánto más los tres juntos— lo suficientemente temibles como para causar en el débil de espíritu cierta congoja. Pero lo peor es que pueden impedirle a uno el disfrute de la belleza natural del sureste de Sikkim, una curiosa mezcla entre exótica jungla bengalí y rugosa topografía himalaíca.

Gangtok posee esa indefinible atmósfera de todas las capitales de provincias del mundo, a las que se acude para mercadear y hacer pequeñas gestiones.

Coincidiendo con nuestra llegada se produjo también la del primer ministro de la India (A.B. Vajpayee, el 13 de abril del 2003), quien visitaba oficialmente Sikkim por primera vez, todo un acontecimiento para el cual las calles estaban engalanadas con flores y banderas. A la mañana siguiente, al salir del hostal para visitar la ciudad, nos encontramos con todos los niños de las escuelas, banderitas en mano, flanqueando la única calle principal que ascendía hacia la zona alta de la ciudad.

Al ver a los dos “grandullones” occidentales, unos pocos niños —los más sandungueros— comenzaron a saludarnos gritando: “¡Namaste, namaste!”. Lo que comenzó siendo una gracia de unos pocos niños aburridos por la espera, acabó transformado en el ensayo general del que sería el recibimiento del primer ministro, con el griterío propio de miles de niños deseosos de estrecharnos la mano. Cuando nos desviamos de la ruta que conducía al palacio presidencial, los dos estábamos conmovidos.

La decisión de sacar a los niños de las escuelas para dar un caluroso recibimiento al mandatario de una nación era una evidente maniobra política. Los sikkineses fueron los últimos en unirse a la India, incapaces de continuar manteniendo su neutralidad entre los dos abusones del “barrio”: India y China, echándose un pulso con sus codos sobre Sikkim.

Anuncios