61018000Jesús nació el 25 de julio del año 7 a.C.

Dame cinco minutos y te lo explico.

Ayer me llamó mi madre a voces para que fuese a ver un programa de la tele en el que unos señores muy serios afirmaban haber dado con la verdadera fecha del nacimiento de Jesús. Contemplé aquello estupefacto. ¡No tenían ni idea!

En el desayuno de esta mañana le dije a mi madre que Jesús nació un 25, pero no de diciembre sino de julio, y tampoco del año 0 sino del año 7 antes de Cristo (entiéndase, antes del año cero del actual calendario). Luego le expuse mis razonamientos, muy sencillos cuando conocemos tres claves simbólicas, y hasta creo que la convencí, porque dejó de masticar.

Las tres claves son las siguientes:

1) Los tres reyes magos son tres luminarias, porque las luminarias siempre vienen de Oriente, es decir, se mueven por el cielo de este a oeste.

2) Los regalos que portan (oro, incienso y mirra) nos revelan qué luminarias son (de las siete posibles: el Sol, la Luna y los cinco planetas visibles). La asociación entre el oro y el Sol no necesita mayor explicación. La mirra era una sustancia utilizada para embalsamar a los muertos, por lo que ha de representar a lo complementario de la vida, del día y del Sol; es decir, la mirra simboliza la muerte, la noche y la Luna (el rey negro Baltasar). ¿Y el incienso? Mercurio, además de planeta, es un metal líquido -fluye como el incienso- capaz de amalgamar oro y plata (Sol y Luna). Así que ya hemos identificado a los tres reyes magos de Oriente: el Sol, la Luna y “amalgamando a ambos” Mercurio.

3) El nacimiento de Jesús tiene lugar en un pesebre, entre un buey y una mula. ¿Hay algo parecido en el cielo? ¡Y tanto! Existe un cúmulo estelar visible a simple vista en la constelación de Cáncer llamado el Pesebre, tal cual, situado además entre dos estrellas llamadas Asno del Norte y Asno del Sur. Así que ahora sabemos dónde situar a los tres reyes magos: en las inmediaciones de Cáncer.

Como vas a ver en la siguiente imagen del cielo de Belén, estas tres claves bastan para poder precisar la fecha del nacimiento de Jesús: el 25 de Julio del año 7 a.C.

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En el amanecer de esa fecha la Luna “caminaba” sobre Cáncer, mientras el Sol lo hacía unos pasos por detrás, sobre Leo (cada luminaria sobre su signo tradicional). En concreto, el Sol transitaba sobre la estrella más brillante de Leo: Régulo (del latín, pequeño rey), anunciando la llegada de un “rey” muy especial.

Los cuernos de la Luna iluminaban el Pesebre entre los dos asnos del cielo (por eso, iconográficamente, un asno pasó a ser un buey). Y, como ya suponíamos, Mercurio transitaba entre ambas luminarias “parentales”, entre la Luna y el Sol.

Dice la Biblia que los tres reyes magos avanzaban guiados por una llamativa estrella y, de hecho, en la fecha en cuestión, se producía una llamativa conjunción de planetas. Así que también hemos resuelto el enigma de la estrella de Belén: la conjunción de Júpiter y Saturno, por delante de la fila india de los tres reyes magos (la Luna, Mercurio y el Sol, en ese orden) que salían por el este (venían de Oriente).

Además, dicha conjunción se producía sobre la constelación de Piscis, el signo de la nueva era recién inaugurada tras la de Aries, de ahí que la estrella de Belén anunciase el advenimiento de la era de Piscis, o de Jesús. Por eso el símbolo elegido para representar a Jesús fue el pez. (Otro símbolo fue el cordero, indicando el nacimiento de un nuevo orden continuación del de Aries representado por un carnero).

Por el otro lado, “clavada” sobre el horizonte del oeste, se elevaba la Cruz del Norte (constelación del Cisne), de modo que, junto al nacimiento de Jesús por el este, aparecía también el símbolo de su muerte por el oeste, y de la religión que se fundaría sobre su figura. La disposición de la Cruz del Norte en el cielo también marcaría el trazado y orientación de los templos cristianos, como cruces alineadas en la dirección E-O.

Hay muchos otros elementos significativos, como por ejemplo la orientación E-O de la Vía Láctea, entre dos portales estelares (Sirio-Proción y Vega-Altaír); el orto helíaco de Sirio, la estrella más brillante de la noche; la orientación de la Osa Mayor señalando el norte; la salida de Orión por el SE; las ubicaciones de las otras dos luminarias por debajo del horizonte (Marte sobre Libra y Venus sobre Virgo); etc.

Baste lo apuntado para poder establecer con certeza la fecha del nacimiento de una de las figuras clave de la humanidad.

Este tipo de interpretación astronómica me ha servido para desvelar otros misterios del pasado, como que la Atlántida existió y se encontraba centrada en Iberia. Lo explico en mi libro Viaje Cero.

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